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Editado May 9, 2018

Por una Universidad en Igualdad de Oportunidades

Por una Universidad en Igualdad de Oportunidades

Decía un viejo proverbio que primero hay que sembrar para después recoger. Detrás de los mayores logros existe un sinnúmero de sacrificios. A falta de escasas jornadas lectivas para la culminación del curso escolar, nuestros niños y jóvenes comienzan a afrontar la recta final del curso. Una recta final especialmente dura para aquellos alumnos que dentro de un mes se enfrentarán a la EBAU.

Si usted es madre, padre o hermano de algún joven que esté cursando Bachillerato probablemente sepa qué significa la palabra EBAU o conozca de qué se trata. Para los más profanos en la materia, o aquellos que haga más de dos años desde que se vieron en tal tesitura, les diremos que la EBAU es la sustituta de la PAU o la conocida como “selectividad”. Literalmente, EBAU, son las siglas de Evaluación de Bachillerato para Acceso a la Universidad.

Mediante las notas de los dos cursos académicos de Bachillerato y formalizando una media ponderada se conforma la nota que da acceso a los distintos grados universitarios.

El método para repartir las limitadas plazas de cada facultad es francamente complejo y es que, primero, la ponderación puede alcanzar hasta catorce puntos, lo siguiente es que los alumnos pueden examinarse en la EBAU desde cuatro hasta ocho asignaturas, y además cada escuela universitaria o facultad decide lo que cada asignatura pondera en cada grado universitario. A toda esta vía se le suman otros modos de acceso a la universidad, como el acceso desde la Formación Profesional o el de la Prueba de Acceso para Mayores de Veinticinco Años, por poner otros ejemplos.

Hasta aquí todo parece bastante equitativo: sólo aquellos con mejores notas podrán acceder a las carreras más demandadas o con menor número de plazas como medicina o determinadas carreras incipientes. Pues, lejos de resultar equitativo, les diré que es uno de los modos más dramáticos de demostrar que hemos retrocedido en el principio de equidad entre españoles y, por tanto, tengo que poner el grito en el cielo como ya están haciendo un gran número de jóvenes que, de manera organizada, han fundado la Asociación por un Acceso a la Universidad en Igualdad.

El problema es que los exámenes de la EBAU no son iguales para nuestros jóvenes.

¿Se imagina que usted quiera optar a un puesto de trabajo y le exijan conocer noventa y siete temas y a otro, semejante a usted, sólo treinta? ¿Se imagina que, para enviar una carta, usted tenga que poner tres sellos y su vecino, que va a mandar la misma carta, sólo ponga uno? Sería perverso ¿No?

Pues algo parecido les ocurre a los preuniversitarios españoles; que sus exámenes de EBAU no son iguales, no se realizan en las mismas fechas y además los temarios (los currículos) son distintos, variando entre los noventa y siete estándares de la prueba de Historia en Castilla y León y los apenas treinta en otras comunidades. Y esto no solamente ocurre con Historia, que es una asignatura común a todos los alumnos en EBAU, sino que la exigencia es muy variada en asignaturas más específicas como Matemáticas o Dibujo Técnico.

Desde determinados sectores sociales se ha mostrado una especial preocupación frente a este problema, lo cual parece razonable, pero existen otros muchos sectores, en particular los gobernantes de comunidades autónomas, como por ejemplo Andalucía, que se niegan a abrir el debate al respecto y prefieren permitir una situación que genera desigualdad entre ciudadanos.

Si usted pregunta a un segoviano nacido en el año 2000, que son los que hoy están cursando segundo de Bachillerato, cuál es su opinión a este respecto, la respuesta es unánime: “es una injusticia”, a la vez que muchos añadirán que ahora ellos no pueden hacer nada, porque el pervertido sistema ya les ha segregado en alumnos con o sin privilegios y que los que tienen que hacer algo son sus compañeros de un par de años menos o tres. El problema es que esos compañeros con un par de años menos o tres tienen ahora catorce o quince años y son adolescentes. Y tanto éstos adolescentes como sus padres tienen ahora otros problemas más acuciantes por superar: no resulta sencillo ser el padre de un adolescente con quince años.

Los profesores, son los grandes cómplices de los alumnos de bachillerato en todo este tema, pero al final, la EBAU supone, de algún modo, una muy dura prueba para los docentes, ya que de algún modo sienten cómo su trabajo va a ser evaluado a través de un examen que van a realizar otros.

Es por esto, que el caso necesita de un apoyo social más amplio. En el fondo se trata de una cuestión de justicia, de equidad y sobre todo de sentido común.

En los últimos meses, en Castilla y León podemos decir que existe una especial sensibilidad frente al tema. El Consejero de Educación, Fernando Rey, ha expresado claramente la necesidad de una EBAU única en España. Hay esperanza, pero es necesario que todos nuestros políticos se muestren a la altura del problema, España se juega su futuro y lo que es más preocupante: nos jugamos la justicia de nuestro modelo del Estado de las Autonomías que tantas ventajas ha sabido ofrecernos.

 

MARTA PUERTAS PANIAGUA, Vicesecretaria de Mujer y Juventud del Partido Popular de Segovia