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Editado Nov 22, 2017

Invertir la despoblación es posible y real

Invertir la despoblación es posible y real

Artículo de Opinión de Juan Carlos Álvarez, senador del PP por Segovia

Hace unas semanas la Oficina Europea de Estadística dependiente de la Comisión Europea, Eurostat, publicaba de nuevo estadísticas sobre población: mas del 51% de la población residente en España vive en ciudades y solo una de cada cuatro viven en el medio rural. 

La fuerte despoblación de ese medio rural es una realidad evidente. Sin embargo son muchos los esfuerzos y las diversas políticas que se han desarrollado, se desarrollan y que en el futuro inmediato se desarrollarán, para mitigar esta tendencia. Los municipios, la administración más cercana al ciudadano, han puesto mucha imaginación en el tema. Estos, la mayoría de las veces sin recursos, fomentan políticas hacia la natalidad; crean nuevas infraestructuras; potencian el turismo; poniendo en valor los recursos naturales, etc. El Estado, incluso la reciente Conferencia de Presidentes en el Senado, ha señalado como prioridad la lucha contra la despoblación. Gobiernos autonómicos, como el de Castilla y León, han puesto desde hace años todos los medios a su alcance para intentar mitigar este problema. Los parlamentos regionales han sido y están siendo sensibles directamente o a través de sus fundaciones y organismos relacionados, con este serio problema. Las Diputaciones sostienen y aportan recursos esenciales para el mantenimiento de las infraestructuras básicas de estos pueblos; igualmente, implementan con todos los recursos a su alcance medidas para invertir estas cifras ¿Cuál sería el escenario actual si no hubiera sido así? ¿En qué grado de despoblación se encontraría nuestro territorio si hubiéramos liquidado Diputaciones, municipios de menos de 5.000 habitantes, o la misma Cámara Alta de las Cortes, como así lo proponen algunos partidos políticos? Por si ellos  aún no se han dado cuenta, esas políticas son el trasunto claro de más pobreza y más consiguiente despoblación.

El Parlamento de la UE ha aprobado hace unos días una resolución en la que se insta a la Comisión y Consejo para que las regiones con riesgo de despoblación y envejecidas reciban más fondos de cohesión. Yo lo defino como más solidaridad territorial para el medio rural. Esa es la palabra clave en cuanto al gasto público: solidaridad real entre los territorios y regiones; solidaridad en el destino de los fondos públicos; solidaridad en todas las políticas económicas que se apliquen entre aquellos. Desde la transición, es el factor población uno de los determinantes para la distribución de fondos. Pero el reparto se aplica en positivo hacia el factor población. Vistos los resultados las demandas son las mismas pero a la inversa: discriminación positiva hacia las regiones y territorios con menos población.

Pero no es solamente la solución al problema el aumento de gasto en los territorios afectados, si no hay una aplicación inteligente y racional de ese gasto el éxito que se busca no se encontrará. Tenemos que estudiar la discriminación positiva de aquellos que realmente elijan quedarse o venir al medio rural. Tributos diferenciados por al factor de residencia permanente; complementos rurales de salarios públicos; impulso al sector primario; y todas esas muchas medidas que por falta de espacio hoy no voy a relacionar ni mucho menos.

Sin embargo, quiero hoy traer en estas líneas algunos, y solo algunos, detalles y respuestas que son atisbos de esperanza. Una de las características de este abandono en el último cuarto  del siglo XX, es que cada año que pasaba se podían observar más viviendas, almacenes, o cobertizos en ruinas por falta de mantenimiento y conservación de quienes ya no residían en el medio rural. Este panorama de ruina hacía más impracticable el retorno y aventuraban un panorama futuro de desaparición.

Sin embargo, en los últimos años, se han observado cambios significativos en las zonas rurales próximas a los grandes núcleos de población. Territorios que distan una media de 100 km de estos cinturones están siendo receptores de pequeñas inversiones a cargo de sus propietarios, compradores, herederos, en la conservación y rehabilitación del patrimonio urbano rural.

Una ventaja de oportunidad, aunque no muy conocida, radica en el IVA reducido del 10% que repercute a estas obras, suponiendo un ahorro de 11 puntos reales. La condición es que afecte a reformas de viviendas, incluso de nueva construcción, edificios complementarios y cerramientos, incluso segunda vivienda. Quizás su mayor conocimiento animaría a muchos propietarios o interesados a invertir en nuestro patrimonio rural residencial. También dato muy positivo es el aumento de visitantes a muchos de nuestros pueblos. Unos haciendo turismo y otros pasando días festivos en ese patrimonio rural conservado o rehabilitado al que me refería líneas atrás.

Otra oportunidad importante es el aumento del uso térmico de la biomasa forestal. Mucho ha cambiado el escenario de la demanda de este producto desde que comencé con su difusión junto a AVEBION hace ya 14 años. El uso de la biomasa forestal está compensando en parte la falta de aprovechamiento de la foresta en tiempos pasados por las sociedades rurales. Algunos que exigen, demandan, y le dan fuerte al palo de la demagogia cuando los montes se queman, lo han de tener muy claro: no hay presupuesto público posible para compensar la falta de los usos tradicionales para realizar limpiezas en los montes. La biomasa está siendo y será por lo tanto otra oportunidad para el empleo, la reducción del exceso de combustible, y la fijación de población.

Sin embargo, no puedo hablar hoy de recientes indicios de cambio para  la ganadería extensiva que es, de los tres sectores primarios fundamentales, la más afectada por el abandono de la actividad. Son muchas y muy poderosas las razones para mantener la ganadería extensiva: el incremento de la materia orgánica en suelos pobres; evitar la proliferación arbustiva incontrolada;  la conservación del paisaje; el mantenimiento de habitats y la labor de extensión de biodiversidad de especies vegetales. Un pequeñísimo ejemplo: las aves rapaces necesitan la reducción de la carga herbácea para establecer el necesario control de especies como el topillo. ¿Quién reduce la misma si no hay ganado extensivo? Nada mejor que el ganado para carear las cunetas; caceras; pastizales. El ganado extensivo aprovechaba los pastos de entornos de núcleos urbanos rurales, evitando que los incendios se aproximaran a las viviendas. El ganado extensivo controlaba eficazmente el pasto forestal, luego causante de la propagación inicial de los brutales incendios forestales que sufrimos en la actualidad.

He dejado para el final mi visión particular del problema de origen. He de manifestar que confío  plenamente que las cifras actuales de la despoblación se invertirán progresivamente y que el patrimonio rural será un bien al alza. No tengo ninguna duda de ello porque son muchos los factores que lo indican y hacen intuir esa tendencia futura. Las administraciones trabajan en ello al límite de sus posibilidades si cabe. El movimiento natural de nuestra especie, como respuesta a las variaciones del clima entre otras, responderá en consecuencia, ya que somos parte de la biodiversidad aunque a algunos se les olvide. Las medidas que se implementen han de ser prontas, eficaces, eficientes, basadas en la solidaridad de los territorios y en su corresponsabilidad. Tratando de conservar vivo, comunicado y enganchado a las tecnologías del siglo XXI al medio rural. Y es que esos movimientos naturales a quienes me refería, dependiendo de lo atractivo que diseñemos el escenario, antes pronto que tarde llegarán.

Juan Carlos Álvarez Cabrero

Senador del PP por Segovia